El diccionario de la Real Academia de la Lengua, define a laico como“lo que no tiene órdenes clericales. Lo independiente de cualquier organización o confesión religiosa”.
Sin embargo, y aunque parezca raro, en la última reforma constitucional a pesar de haberse incluido conceptos progresistas como la pluriculturalidad, nunca se definió al estado como laico.
Puede que esto se explique con la palabra temor. El temor que sentían los conservadores de la Asamblea del 98 ante un montón de “ateos” que amenazaban su libertad de ir a la iglesia el domingo. Nada más falso. Un Estado laico es la garantía de la tolerancia en la vida de un país, intentaré explicarlo:
1) Laico no solo implica neutralidad del estado frente a todas las iglesias, implica también el respeto a las creencias de todos los habitantes. Un estado neutral no se inmiscuye en las decisiones religiosas de sus habitantes.
2) Como el Estado es la forma de organización política/jurídica de la sociedad, debe ser explícito que su existencia, su naturaleza es política/jurídica, y no religiosa.
El principio de la separación de la iglesia y el Estado es muy reciente. Hace apenas treinta y cinco años que esto se aceptó con la "Declaración sobre la libertad religiosa" del Concilio Vaticano II. Pero durante más de 17 siglos imperó la creencia de que las leyes (y la vida en general) debían regirse según las enseñanzas morales de la iglesia (católica). Por lo tanto es comprensible que los dirigentes católicos tiendan a creer que todavía ocupan un lugar sagrado en los procesos políticos y de resolución de conflictos que suceden en el país.
Pero, ¿por qué no deben ocupar ese lugar? Por varias razones, respaldadas por la historia. La mezcla entre religiosidad y poder político no es nada saludable, crea extremismos y es discriminatoria. Si perteneces a la religión que está en el poder, bien, pero de lo contrario, significaría que no eres parte de ese estado, por lo tanto no tienes derechos.
Pero más allá de todo esto está el tributo a todos los seres humanos que de una manera u otra han sido víctimas de esa macabra relación entre el estado y la iglesia.
Tributo a los miles de indígenas que perdieron su cultura a cambio de un crucifijo, pan y vino.
Tributo a todos esos “herejes” que valientemente se manifestaron en épocas donde disentir era pecado, terminando con una sonrisa en la hoguera.
Tributo a todas las mujeres de este planeta, las cuales para la iglesia aún no pueden decidir sobre su propio cuerpo, ni están en capacidad de liderar su gran imperio/ Vaticano.
Tributo a Alfaro, quien centró su vida en la lucha por la separación estado-iglesia.
Sería incoherente que en plena tierra de Alfaro, con un mausoleo en su nombre, con su imagen apoderada para la revolución ciudadana, el estado no se declare explícitamente laico.
En la nueva Constitución, el estado será Laico o Nada.
Sin embargo, y aunque parezca raro, en la última reforma constitucional a pesar de haberse incluido conceptos progresistas como la pluriculturalidad, nunca se definió al estado como laico.
Puede que esto se explique con la palabra temor. El temor que sentían los conservadores de la Asamblea del 98 ante un montón de “ateos” que amenazaban su libertad de ir a la iglesia el domingo. Nada más falso. Un Estado laico es la garantía de la tolerancia en la vida de un país, intentaré explicarlo:
1) Laico no solo implica neutralidad del estado frente a todas las iglesias, implica también el respeto a las creencias de todos los habitantes. Un estado neutral no se inmiscuye en las decisiones religiosas de sus habitantes.
2) Como el Estado es la forma de organización política/jurídica de la sociedad, debe ser explícito que su existencia, su naturaleza es política/jurídica, y no religiosa.
El principio de la separación de la iglesia y el Estado es muy reciente. Hace apenas treinta y cinco años que esto se aceptó con la "Declaración sobre la libertad religiosa" del Concilio Vaticano II. Pero durante más de 17 siglos imperó la creencia de que las leyes (y la vida en general) debían regirse según las enseñanzas morales de la iglesia (católica). Por lo tanto es comprensible que los dirigentes católicos tiendan a creer que todavía ocupan un lugar sagrado en los procesos políticos y de resolución de conflictos que suceden en el país.
Pero, ¿por qué no deben ocupar ese lugar? Por varias razones, respaldadas por la historia. La mezcla entre religiosidad y poder político no es nada saludable, crea extremismos y es discriminatoria. Si perteneces a la religión que está en el poder, bien, pero de lo contrario, significaría que no eres parte de ese estado, por lo tanto no tienes derechos.
Pero más allá de todo esto está el tributo a todos los seres humanos que de una manera u otra han sido víctimas de esa macabra relación entre el estado y la iglesia.
Tributo a los miles de indígenas que perdieron su cultura a cambio de un crucifijo, pan y vino.
Tributo a todos esos “herejes” que valientemente se manifestaron en épocas donde disentir era pecado, terminando con una sonrisa en la hoguera.
Tributo a todas las mujeres de este planeta, las cuales para la iglesia aún no pueden decidir sobre su propio cuerpo, ni están en capacidad de liderar su gran imperio/ Vaticano.
Tributo a Alfaro, quien centró su vida en la lucha por la separación estado-iglesia.
Sería incoherente que en plena tierra de Alfaro, con un mausoleo en su nombre, con su imagen apoderada para la revolución ciudadana, el estado no se declare explícitamente laico.
En la nueva Constitución, el estado será Laico o Nada.
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